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La Rueda Ardiente - Aldous Huxley

Foto del escritor: Amenhotep VIIAmenhotep VII



Exhausta de tantas vueltas,

mortificada por tan frenético desasosiego,

ansiando perfilar el dolor circunferente

-la vertiginosa llanta a toda velocidad-

hacia el centro inanimado, y allí reposar,

la rueda debe ir de agonía

en agonía contrayéndose, hasta volver

al núcleo de acero.

Y por fin la rueda encuentra reposo, queda en calma,

agazapada en diamantino núcleo:

cumpliendo su voluntad en lo inmutable.

Pero los ansiosos átomos, en tanto se frotan

cada vez más cerca, más y más,

violentamente unidos, engendran

una llamarada que enhiesta se eleva,

hinchándose de un ardiente,

apasionado, fiero deseo de encontrar

la paz infinita del pecho de la madre.

Y allí la llama es un Niño Jesús durmiente,

luminoso, dulcemente radiante;

toda amargura disipada

en la infinita paz del seno de la madre.

Mas la muerte avanza en una marea

de lento olvido, hasta que la llama asustada

despierte del sueño de su calmo resplandor

y se incendie de nublada pasión y de dolor,

no sea que, al olvidarlo todo en la calma, fenezca.

Pues mientras arde y se angustia se aviva,

engendrando una vez más la rueda que añora

-aquejada de su velocidad- la espantosa quietud

del diamantino núcleo y de la cadena de fuerte acero.

Y así una vez más

girará la rueda hasta cesar su angustia

en la férrea angustia de la fijeza,

hasta que otra vez

la llama se expanda a lo infinito,

sumiéndose en el sueño luminoso

de tan vasta e inconsciente paz.

 
 
 

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